RenunciĂł Alejandro Williams Becker, secretario de GestiĂłn Educativa de Salta. Su salida se conociĂł en medio de la controversia por la Unidad Educativa 7160, la denominada âescuela fantasmaâ. Los motivos difundidos hablan de cuestiones personales y del desgaste por la exposiciĂłn pĂșblica. Pero una renuncia no explica cĂłmo se administraron los cargos ni cĂłmo se utilizĂł el dinero de los salteños.
Becker deja su puesto. Las preguntas quedan.
La primera precisiĂłn es necesaria: la unidad educativa tuvo existencia legal. Hay documentaciĂłn oficial de 2004 que registra su funcionamiento en la ComisarĂa del Menor de Castañares. Pero ese antecedente no responde lo que hoy se cuestiona: quĂ© ocurriĂł con su estructura, quiĂ©nes quedaron registrados allĂ y bajo quĂ© condiciones cobraron sus haberes.
La denuncia señala presuntas irregularidades en mås de 300 designaciones. Fiore rechaza esa caracterización, habla de entre 200 y 230 personas y asegura que prestan servicios en otras dependencias. La investigación debe esclarecer estas diferencias y verificar los procedimientos utilizados. Hasta entonces, corresponde hablar de denuncias, no de culpabilidades demostradas.
Ahora bien: esa prudencia no puede convertirse en una excusa para evitar las responsabilidades polĂticas.
La ministra Cristina Fiore debe explicar con documentos dónde trabaja cada persona, quién certifica sus tareas, cómo fue designada y qué remuneración le corresponde. Porque trabajar efectivamente y haber accedido legalmente a un cargo son dos cuestiones que deben comprobarse.
Si todo estå en regla, la documentación permitirå demostrarlo. Si hubo desorden, corresponde corregirlo y determinar quién lo permitió. Y si hubo pagos indebidos o designaciones irregulares, habrå que establecer responsabilidades y el eventual perjuicio económico.
Fiore sostuvo que en mayo inició un expediente para disolver la unidad y transferir los cargos a sus destinos efectivos. Esa afirmación abre una pregunta inevitable: ¿qué se hizo desde entonces y qué falta resolver? La sociedad necesita conocer el expediente, sus avances y sus resultados.
Esto tiene una dimensiĂłn que supera los papeles de una oficina.
Cada peso del presupuesto educativo exige una justificaciĂłn. Cada designaciĂłn debe poder explicarse frente al docente que espera una oportunidad laboral y frente a las familias que confĂan en la escuela pĂșblica. La sospecha de privilegios daña esa confianza. Una administraciĂłn transparente tiene la obligaciĂłn de despejarla.
Y aquĂ aparece el gobernador Gustavo SĂĄenz.
La conducciĂłn del Gobierno tambiĂ©n se evalĂșa por la forma en que responde cuando una de sus ĂĄreas queda cuestionada. SĂĄenz debe exigir una revisiĂłn independiente, garantizar la entrega de documentaciĂłn a la Justicia y comunicar sus conclusiones. Si pretende dar por cerrado el asunto con la salida de Becker, dejarĂĄ intacto el problema de fondo.
ÂżDebe renunciar Cristina Fiore?
Nuestra posiciĂłn es clara: una denuncia, por sĂ sola, no demuestra culpabilidad. Pero una ministra tampoco puede sostenerse Ășnicamente con su palabra. Su continuidad necesita el respaldo de documentos y controles verificables.
Si se comprueba que conocĂa irregularidades y permitiĂł que continuaran, debe dejar el cargo. Si autorizĂł beneficios indebidos, debe responder por ello. Si sus explicaciones resultan falsas, el gobernador tendrĂĄ que actuar. La responsabilidad polĂtica no exige esperar una condena para evaluar la capacidad y la conducta de quien conduce un ministerio.
Y si la documentación demuestra que las acusaciones eran infundadas, también deberå decirse con la misma claridad.
Lo que Salta necesita ahora es conocer la verdad: cuåntos cargos existen, cuåntas personas cobran, dónde trabajan, quién las designó y quién controló esos pagos.
Becker se fue. Fiore sigue al frente del Ministerio. SĂĄenz tiene que decidir cĂłmo garantiza las respuestas.
La educaciĂłn pĂșblica merece una explicaciĂłn completa. Y los salteños tienen derecho a saber quĂ© se hizo con su dinero.




