Ucrania lanzó su mayor ofensiva de los últimos veinticuatro meses con vehículos aéreos no tripulados (drones) contra Rusia, logrando vulnerar los anillos de seguridad, provocar incendios en la periferia de Moscú y forzar la paralización de la actividad aerocomercial en toda la región.
El núcleo del ataque ucraniano se concentró en la planta de refinamiento de petróleo MNPZ, un complejo energético vital situado en el distrito de Kapotnia, en el sector sur de la capital rusa. El propio jefe comunal, Serguéi Sobianin, reconoció ante las agencias de noticias que la agresión revistió características de un operativo «a gran escala», aunque las autoridades del Kremlin evitaron precisar inicialmente la magnitud de la ofensiva del gobierno ucraniano.
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, asumió la autoría del bombardeo y convalidó la estrategia militar implementada por sus mandos tácticos. Además, tipificó las acciones como una contestación legítima y plenamente fundamentada a las constantes arremetidas que Rusia propina de forma cotidiana contra los cascos urbanos y la infraestructura civil ucraniana.
La operación de Kiev guardó además una fuerte carga simbólica y de oportunidad política, al coincidir de forma simultánea con una asamblea internacional que el mandatario ruso, Vladimir Putin, presidía junto a mandatarios y representantes de naciones del sudeste asiático en la localidad de Kazán, a unos 700 kilómetros del epicentro del ataque mención al incidente aeronaval.




